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10 marzo 2009

El ácido lipoico y el alga chlorella: potentes desintoxicantes naturales

Mónica Gómez, terapeuta holística, nos aconseja tomar ácido lipoico (tiótico) para ayudar a desintoxicarnos del exceso de metales pesados del organismo. El ácido tiótico, más conocido como ácido lipoico, se encuentra en todas las células del cuerpo, donde ayuda a generar la energía necesaria para realizar todas las funciones vitales que nos mantienen vivos. El ácido lipoico forma parte del proceso metabólico que convierte la glucosa en la energía que el cuerpo necesita. En consecuencia, el ácido lipoico es necesario para metabolizar los carbohidratos. El ácido lipoico es también un poderoso antioxidante que ayuda a neutralizar los dañinos radicales libres, pero al contrario que otros antioxidantes, que únicamente funcionan en medio acuoso o en tejidos grasos, el ácido lipoico funciona tanto en el agua como en la grasa y es un eficaz eliminador de mercurio acumulado en el organismo.

Numerosos estudios apuntan a la lenta acumulación de mercurio en el cuerpo como posible causa de enfermedades como el alzheimer, la fibromialgia o el autismo. El médico Dietrich Klinghardt recomienda algas y procedimientos naturales para desintoxicarnos de metales pesados, especialmente del mercurio. Ha comprobado que cuando eliminamos el mercurio del cuerpo, los otros metales tóxicos también se van, debido a la liberación del transporte axional en las células nerviosas. Dentro de estas células el mercurio está destruyendo los microtúbulos, inhibiendo así la eliminación de toxinas y otros residuos. Por eso quiero tratar hoy en este espacio de salud el mercurio, que además es el metal tóxico más estudiado.

El mercurio, como nos dice el investigador Servando Pérez Domínguez, es un potente veneno, como también lo asegura la Dra. Gómez que afirma que la ingesta del equivalente a un grano de mostaza produce la muerte. ¡Resulta tóxico en concentraciones de una parte por billón! Aproximadamente el equivalente de un grano de sal en una piscina. Es por esta razón que los empastes dentales metálicos compuestos de un 50% de mercurio resultan tan nocivos para el cuerpo.

Chlorella

El ácido lipoico es un poderoso desintoxicante hepático que ayuda a regenerar el hígado dañado y a eliminar el exceso de mercurio y metales pesados del cuerpo. Aumenta los niveles de energía, ya que participa en la producción de energía en la mitocondria celular. Se recomienda tomar 200 mg diarios.

Otro elemento que suele recomendarse tomar junto al ácido lipoico para eliminar metales pesados del cuerpo es el alga chlorella. La ingesta recomendada es de 15 pastillas (3 gramos) al día, pero muchos pacientes consumen hasta 40 comprimidos al día, dependiendo de sus necesidades energéticas y nutricionales. Las personas que consuman chlorella por primera vez deben incrementar la dosis gradualmente. Se recomienda tomar 5 pastillas de Chlorella todos los días durante la primera semana, 10 pastillas al día durante la segunda semana, y 15 al día a partir de la tercera semana. A aquellas personas que les resulte difícil tragar las pastillas se les sugiere que mastiquen las pastillas o las trituren hasta convertirlas en un polvo fino antes de ingerirlas.

Investigaciones:

Recursos:

  • Mercuriados (página web de la Asociación Española de Afectados por Mercurio de Amalgamas Dentales y Otras Situaciones, que documenta los efectos nocivos de dicho metal, a cargo de Servando Pérez Domínguez, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela)

La chlorella es un alimento con una alta concentración de nutrientes. Contiene aproximadamente un 60% de proteínas, 18 aminoácidos (incluidos todos los aminoácidos esenciales), vitaminas y minerales. El color verde vivo que presenta la chlorella es debido a la gran cantidad de clorofila que contiene.

Una propiedad muy particular del alga chlorella es su fitonutriente llamado CGF (Chlorella Growth Factor, Factor de Crecimiento de la Chlorella). EL CGF es la sustancia que los científicos consideran que jugó un papel esencial, aparte de la dura pared celular de la chlorella, en la increíble capacidad de supervivencia y inmutabilidad de esta alga ¡desde hace 540 millones de años! De igual modo, se considera que el CGF puede ayudar al organismo humano a una regeneración celular sana y a reforzar el sistema inmunitario en todo tipo de dolencias, agotamiento e intoxicación del organismo por metales pesados, especialmente por mercurio.

07 marzo 2009

Hubiera preferido estar sin dientes




Cataluña descarta empastes plateados en embarazadas y menores de 14 años

Los problemas de Servando Pérez Domínguez se originaron hace una década, cuando se empezó a desmoronar parcialmente. Hasta entonces, llevaba una vida sana, era deportista de competición y no sabía siquiera qué era una simple migraña. Hoy, con 41 años, el Juzgado de lo Social número 1 de Santiago acaba de reconocerle una incapacidad permanente absoluta por los problemas de salud que le han producido los efectos del mercurio de los cuatro empastes de su boca.
Es la única persona en España a la que se le ha aceptado esta incapacitación -tampoco hay ninguna parcial- por la intoxicación derivada de estas amalgamas metálicas de color plateado, de las que se ha deshecho. Su vía crucis comenzó en 1998. Segundo de su promoción, coordinador Erasmus, director de reconocidas investigaciones internacionales y docente en la Facultad de Ciencias de la Educación de Compostela, notaba cómo en clase a veces un alumno le hacía una pregunta y él perdía el hilo de la explicación. Al principio, le quitaba importancia y trataba de disimular; pero dejó de hacerlo. «Si no, pensarían que estaba mal de la cabeza», cuenta.
Tras el despiste, llegó un picor de ojos que no remitía, y que los oftalmólogos no eran capaces de explicar; y también cansancio, problemas gastrointestinales, dermatológicos, genito-urinarios, y las alergias. Ahí comenzaron las visitas a especialistas. «Nadie acertaba, apuntaban a estrés laboral, ansiedad; pasé por tres psiquiatras que determinaron que no tenía ningún trastorno psicológico, y ya decidí ponerme a investigar por mi cuenta». Sumó diez diagnósticos diferentes. En 2004, recurrió a un laboratorio y halló la ansiada respuesta: una concentración de 24 microgramos de mercurio por litro de sangre, cuando por lo general nunca rebasa los diez.
Empezó a descartar posibles causas. Dejó de comer pescado y marisco durante un mes, repitió el examen, y los resultados eran peores. Su calvario continuaba. Mandó analizar el agua que llegaba a su vivienda, nada; su pareja se hizo las pruebas y salieron perfectas; y, en su centro de trabajo, los compañeros estaban sanos. «Desesperado, con un dentista y la ayuda del libro Harrison, descubrí el foco de estos contratiempos», relata, y añade que ahora sus niveles son normales, aunque tiene altas cantidades del metal acumuladas en su organismo.
Demanda al Ministerio de Sanidad
Sufre fatiga crónica, fibromialgia y sensibilidad química múltiple. No puede estar en lugares cerrados con demasiado humo, ni tolera los aromas fuertes. En la entrevista concedida a ABC a veces se pierde, y queda en blanco. Es por la memoria a corto plazo, que le falla. Preside la Asociación Mercuriados, que integra a más de doscientos afectados, y ha iniciado una demanda judicial contra el Servicio Gallego de Salud, por error continuado en la diagnosis; y otra, con 55 personas más, contra el Ministerio de Sanidad y Consumo.
Está pendiente de un tratamiento de quelación, para atacar la toxicidad, y espera que su estado mejore. Sabe que la Seguridad Social ha recurrido el fallo ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, después de haberle confirmado una situación de incapacidad permanente total (que admite que no puede ejercer la docencia, pero sí otro trabajo; frente a la absoluta, que generaliza).
«Estos son los cauces normales, pero en el dictamen deja claro que mis problemas de salud me imposibilitan para cualquier profesión y afectan a mi vida cotidiana; por lo que debe ser inexorablemente estimada», manifiesta. Está a la espera de que se ejecute. «Mucha gente se ha burlado de mí, restándole importancia; yo, a lo que aspiro, es a normalizar mi existencia. De saber esto a tiempo, hubiera preferido estar sin dientes», apostilla.


«El calvario de una década»
FALTA DE INFORMACIÓN
«Visité a todos los especialistas; tengo diez diagnósticos distintos, e incluso fui a tres psiquiatras que coincidieron en que no padecía trastornos»
UNA LUZ EN 2005
«Habían pasado siete años desde que noté los primeros síntomas; fui a un laboratorio y mis niveles de mercurio en sangre superaban los límites normales»
MÚLTIPLES ENFERMEDADES
«Llegó un picor de ojos que no remitía y cansancio, problemas gastrointestinales, dermatológicos, genito-urinarios y alergias»