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17 septiembre 2009

¿Más cerca de la eterna juventud?

Pareja de edad avanzada

Para el 2040 habrá 2.000 millones de personas mayores de 60 años en el mundo.

La posibilidad de no envejecer y ser inmortales está inevitablemente unida a la ficción, pero sin duda la ciencia se acerca cada vez más a ello.

Por lo menos así quedó demostrado en una conferencia llevada a cabo recientemente en Cambridge, Inglaterra, donde se reunieron más de 200 científicos de todo el mundo para discutir formas de extender "radicalmente" la longevidad humana.

Se trató de la cuarta conferencia de la Fundación SENS, o "Estrategias para la Ingeniería de la Senescencia Insignificante", una organización que reúne a investigadores de disciplinas diversas pero todos dedicados a vencer el envejecimiento.

En la reunión en el Queen´s College de la Universidad de Cambridge se expusieron los últimos avances en campos que iban desde la biogeriatría, la ingeniería de tejidos o la regeneración celular, hasta la demografía o la política.

"El propósito de las conferencias de SENS es expeditar el desarrollo de terapias verdaderamente efectivas para postergar y tratar el envejecimiento humano", afirma el doctor Aubrey de Grey, genetista británico, organizador de la conferencia y cofundador de la Fundación SENS.

"Y esto se puede lograr combatiéndolo como un problema de ingeniería: no buscando balas mágicas elusivas y quizás ilusorias, sino catalogando los cambios moleculares y celulares que eventualmente nos matan e identificando formas de reparar -o revertir- esos cambios".

El doctor De Grey, quien ha sido bautizado como el "profeta de la longevidad", propone y persigue una teoría: que el ser humano pueda vivir 1.000 años, y cree que en unas décadas la ciencia podrá detener el proceso de envejecimiento.

El científico cree que si en las próximas dos décadas seguimos llevando a cabo los avances correctos, tendremos un 50% de posibilidades de que un niño que nace hoy pueda vivir 1.000 años.

Menos envejecidos

Aubrey de Grey

El doctor De Grey cree que algún día podremos llegar a vivir 1.000 años.

Los seres humanos, como regla general, morimos a causa del envejecimiento y los científicos creen que éste es un proceso que se puede frenar.

"El envejecimiento, en mi opinión, se está retrasando desde hace ya mucho tiempo gracias a la mejora general de las condiciones de vida", le dijo a BBC Ciencia el profesor Manuel Serrano, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España y uno de los científicos que expuso sus avances en la conferencia SENS.

"Entender los mecanismos que retrasan el envejecimiento y desarrollar fármacos que los estimulen, sin duda retrasará aún más el envejecimiento", dice el investigador.

Los estudios demuestran que en los países desarrollados y gran parte de los países en desarrollo, vivimos en promedio cinco horas más cada día, o dos años más cada década, que hace treinta años.

Esto significa que para el 2040 la población de 60 años o más se habrá triplicado para sumar 2.000 millones de personas.

Para mucha gente, la idea de vivir 120 años -o incluso 1.000- en un mundo lleno de ancianos arrugados, enfermos o discapacitados, es algo horripilante.

Seguir aumentando la longevidad media, como se viene consiguiendo desde hace ya décadas, me parece un objetivo realista y casi diría una obligación moral

Prof. Manuel Serrano

Pero tal como señala el profesor Serrano no se trata de vivir 1.000 años enfermos, sino de vivir más años sin enfermedades.

"La idea de retrasar el envejecimiento es retrasar la aparición de las enfermedades asociadas al envejecimiento y así tener una mejor calidad de vida a edades avanzadas".

El envejecimiento, explica, aparece como resultado de la acumulación, durante una larga vida, de varios tipos de daños celulares y moleculares.

"Pero se conocen ya muchos genes cuya misión es precisamente reparar los daños celulares o incluso incitar la eliminación física de las células dañadas", dice el investigador.

El científico trabaja específicamente con un gen, llamado Sirt1, que tal como descubrió en un estudio reciente en ratones, es capaz de proteger de un daño muy prevalente hoy en día: el daño metabólico causado por la ingesta de cantidades excesivas de grasa.

El investigador encontró que los ratones manipulados genéticamente que tenían más actividad de Sirt1 estaban protegidos de las enfermedades producidas por las dietas grasas, como la diabetes, la hepatitis y el riesgo de cáncer de hígado.

"Ya hay empresas farmacéuticas desarrollando fármacos para estimular la actividad natural de Sirt1 y esperamos que estos fármacos tengan los mismos efectos beneficiosos en humanos que los que hemos observado en ratones", señala el científico.

Longevidad media

Mujer mayor

El envejecimiento es resultado de la acumulación de varios tipos de daños celulares.

El profesor Serrano, sin embargo, prefiere no afirmar que algún día viviremos 1.000 años.

"La idea general de Aubrey de Grey es que debe ser una prioridad entender el envejecimiento y tratar de combatirlo, pues es probablemente la causa inicial que subyace al desarrollo de muchas enfermedades asociadas a la vejez".

"Yo comparto esta opinión y creo que muchos científicos también", dice.

"Pero vivir 1.000 años... creo que este tipo de titulares hacen un flaco favor a la investigación sobre el envejecimiento".

"Es algo tan alejado en el tiempo que es lo mismo que decir, a efectos prácticos, que es un objetivo imposible; por lo tanto da una imagen irreal e ingenua que desacredita la investigación sobre el envejecimiento".

"Por el contrario, seguir aumentando la longevidad media, como se viene consiguiendo desde hace ya décadas, me parece un objetivo realista y casi diría una obligación moral", afirma Manuel Serrano.

El científico agrega que "no debe olvidarse que el objetivo de retrasar el envejecimiento no es ninguna frivolidad, algo vanidoso como no tener arrugas en la piel o no tener canas".

Se trata, dice, de prolongar la vida activa y autónoma de las personas retrasando las enfermedades asociadas al envejecimiento, como las neurodegenerativas, las cardiovasculares, la pérdida de fuerza muscular, la susceptibilidad a infecciones, la diabetes, el cáncer, etc.

Y la única forma de no sufrir estas enfermedades es, o morir muy jóvenes o recibir el tipo de terapias en las que ahora están trabajando estos científicos.


Fuente: BBC Ciencia

27 julio 2008

EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD


Para 2050, casi 2.000 millones de personas, en todo el mundo serán ancianas



Algunos científicos creen que en un futuro no tan lejano la gente podría vivir por siglos, lo que cambiará drásticamente la civilización.

Fecha: 07/26/2008
Vivir para siempre. Ese sueño inmemorial de la humanidad, que para algunos suena a pesadilla, podría estar en el horizonte. En el mundo aparecen cada vez más investigaciones sobre lo que será la longevidad en el futuro más o menos cercano. Y aunque parece haber consenso acerca de que la vida humana tiende a prolongarse, no lo hay acerca de por cuánto tiempo. Mientras los investigadores más conservadores creen que en este siglo la expectativa de vida podría llegar a los 100 años, también hay quienes piensan que la humanidad está a punto de derrotar a la muerte.


Raymond Kurzweil tiene 60 años, pero sus pruebas médicas indican que desde el punto de vista biológico, tiene 39. Él es un reconocido científico y futurista estadounidense que además de su laureado trabajo en inteligencia artificial y computación, está obsesionado con vivir indefinidamente. Ya dio el primer paso al superar su propia expectativa de vida, que no pasaba de los 50 años, debido a que tanto su padre como su abuelo murieron prematuramente a causa de diabetes tipo II. Kurzweil, hasta ahora, no presenta manifestación de esta ni de ninguna enfermedad relacionada con la edad.

'Mister eternity' o el 'Señor eternidad', como se le conoce, ha logrado esto gracias a rutinas de ejercicio de bajo impacto, como caminatas y bicicleta; poco estrés, meditación y una dieta baja en calorías que incluye 10 vasos de agua alcalina, 10 tazas de té verde y 150 complementos vitamínicos diarios. Algunas copas de vino tinto y transfusiones intravenosas de cocteles químicos semanales complementan la receta. Con todo esto busca reprogramar la química de su cuerpo con antioxidantes que combatan el efecto nocivo de los radicales libres y el envejecimiento celular. Su meta es permanecer vivo el mayor tiempo posible hasta que la ciencia sea capaz de prolongar radicalmente la vida humana.


Según Kurzweil, esto deberá ocurrir a mediados de este siglo y vendrá de la mano de la aplicación de la nanomedicina, en la que los nanobots (robots más pequeños que una célula) podrán reparar cualquier daño celular, molécula por molécula. Y si todo eso falla, el 'señor eternidad' tiene un plan B. Si muere, su cuerpo será trasladado a Alcor Life Extensión Fundation, una de las principales organizaciones de criopreservación en el mundo, para que mantengan su cuerpo vitrificado a -129 grados centígrados, hasta que la tecnología del futuro pueda devolverlo a la vida completamente sano.

Si bien hace unos años estas ideas podrían parecer descabelladas, hoy son objeto de un febril debate entre los científicos. Todo porque la experiencia de la vejez ha cambiado por el aumento del promedio de la expectativa de vida, sobre todo en los países desarrollados. En Grecia y Roma clásicas, así como durante toda la Edad Media, la mayoría de gente moría entre los 20 y los 30 años. En el siglo XX esas tasas mejoraron con los servicios sanitarios y el desarrollo de vacunas y medicinas. Actualmente, el promedio de vida planetario es de 66 años, según datos del Banco Mundial, incluso contando a países como los subsaharianos, en donde la expectativa de vida es muy baja.

Hoy la humanidad envejece a un ritmo nunca antes visto en la historia y se espera que siga haciéndolo cada vez más. A modo de ejemplo, Jay Olshansky, demógrafo y biogerontólogo de la Universidad de Chicago, ha predicho que para mediados de este siglo China e India van a tener más de 300 millones de ancianos. Para 2050, casi 2.000 millones de personas en todo el globo tendrán más de 60 años. Esto trae consigo problemas como los de las cargas pensionales y los presupuestos destinados a brindar cuidados médicos a una población que podría vivir discapacitada durante varias décadas. Para ilustrar el problema, en un artículo publicado por la revista The Scientist, en 2006, Olshansky y un grupo de investigadores tomaban como referencia el alzheimer, una enfermedad ligada con el envejecimiento. Según sus proyecciones, para 2050 habrá 45 millones de personas con este padecimiento en el mundo. En términos económicos, el informe decía que "el impacto de esta sola enfermedad será catastrófico".

Por eso, para Olshanky y otros científicos, es imperativo que esa larga vida también sea sana. Como le dijo a SEMANA, "la mayor parte de las investigaciones que se están haciendo pretende extender el período de vida sana, y es difícil imaginar a alguien que encuentre un argumento razonable contra esta visión". Olshansky dice que cuando la gente pueda prolongar su tiempo de vida sana, eso traerá dividendos económicos tanto para las personas como para las naciones. La gente estaría más tiempo en la vida laboral y usaría los sistemas de salud por un lapso más breve.

Guerra contra la vejez

Hasta el momento no existe tratamiento que pueda parar, revertir o detener el envejecimiento, pero la comprensión que hoy se tiene del proceso ha sembrado el optimismo. Para los expertos, la vejez se entiende como la acumulación de daños moleculares que afectan el funcionamiento de células, tejidos y órganos. Esto hace que la gente sea más vulnerable a dolencias como cáncer, mal de Alzheimer, diabetes y enfermedades cardiovasculares, entre otras. También provoca características como la pérdida de masas muscular y ósea, deterioro auditivo y visual y falta de elasticidad en la piel.

Esta acumulación de daños viene de muchas fuentes, incluidos algunos procesos que en la juventud sostienen la vida. Por ejemplo, cuando las mitocondrias -algo así como las centrales eléctricas de las células- generan energía, al mismo tiempo producen moléculas oxidantes y destructivas conocidas como radicales libres. Casi todo este daño se repara, pero no en su totalidad, y con los años la acumulación acaba con las mitocondrias y causa la muerte celular. Lo mismo pasa con los telómeros. Estos están en los extremos de los cromosomas y su función es mantener la estabilidad de los genes. Son comparables a los capuchones de plástico que están en los extremos de los cordones y que mantienen juntas las hebras. Después de cada ciclo celular se van desgastando, hasta que pierden su función protectora y las células dejan de reproducirse y mueren.

La biogerontología ya no sólo describe procesos de envejecimiento como la muerte celular o el acortamiento de los telómeros o los radicales libres, sino que está centrada en poder manipular el funcionamiento celular en el cuerpo. El biogerontólogo inglés Aubrey de Grey, tal vez uno de los más controversiales y célebres estudiosos del tema (ver entrevista), ha reconocido siete tipos de envejecimiento que tienen que ser combatidos al mismo tiempo para lograr extender radicalmente la vida. Todos están en el nivel celular y, según De Grey, son reparables con los avances en medicina genómica y regenerativa.

La creencia de que la senectud es un proceso fijado por la evolución y que es inmutable ya es tenida como errónea. Algunas pruebas en células, muestras de tejido y animales han mostrado cierto éxito, pero no han logrado prolongaciones importantes de vida. Por otro lado, al menos un fármaco ha reversado algunos aspectos del envejecimiento en grupos de control, pero la fórmula para detener integralmente la ancianidad todavía no existe.

Sin embargo, hoy la controversia no gira en torno a si la humanidad va a vivir más, sino cuánto. Olshansky es conservador al afirmar que "aunque hay razones para creer que los científicos desarrollarán la manera de demorar el envejecimiento, me sorprendería si la expectativa de vida excede los 90 años en este siglo".

Algunos van más lejos. El especialista Alex Zhavoronky, de la Biogerontology Research Foundation del Reino Unido, le dijo a SEMANA que "en mi opinión, incluso al ritmo actual de los avances científicos y clínicos, podremos vivir más de lo que los analistas predicen. Tengo pocas dudas de que dentro de nuestra generación habrá individuos que vivirán más de 150 años". Según eso, casos como el de la francesa Jeanne Calment, quien vivió de 1875 a 1997 y tiene el récord de longevidad verificable, con 122 años, dejarían de ser excepcionales.

Michael Fossel, PhD en neurobiología de la Universidad de Stanford y miembro de la junta directiva de Maximun Life Fundation, que busca estrategias médicas para contrarrestar el envejecimiento, piensa que "probablemente ya estamos en capacidad de prolongar la vida. Creo que seremos capaces de demostrarlo y alcanzar una amplia aceptación de médicos y el público general en la siguiente década. Probablemente podremos alcanzar períodos de vida sana en el rango de varios siglos".

Hacia una nueva sociedad

Sólo es posible especular sobre implicaciones que podrían traer para la sociedad la longevidad y, aun más, la inmortalidad. Fossel piensa que la mayor preocupación es que se desestabilicen muchos de los fundamentos culturales de la humanidad. "Los impactos sociales podrán ser más dramáticos que en cualquiera de los anteriores cambios en la historia, con excepción, tal vez, de la agricultura", dijo a SEMANA.

En caso de que las personas alcancen un modesto promedio de vida de 120 años, a los 60 estarían en la mitad de su vida y podrían tomar decisiones como iniciar una nueva carrera universitaria o aprender un nuevo idioma. Transiciones como la de pasar de la adolescencia a la madurez se aplazarían aun más y los más ancianos conocerían a sus nietos, bisnietos y tataranietos.

Sin embargo, la sobrepoblación y el agotamiento de los recursos traerían grandes problemas y los debates éticos, religiosos y ecológicos serían interminables. Tampoco es seguro que la gente quiera dedicarse a trabajar más de 100 años o vivir más de 200. Sólo hay que pensar en el vértigo que produciría casarse en el momento en que un sacerdote selle la unión con un irónico "hasta que la muerte los separe".